
ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO DE LOS TRABAJADORES DEL ECUADOR
versión digital
EDICIÓN DE OCTUBRE DEL 2006
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AMANECER octubre 2006
Editorial Crisis política y Asamblea Constituyente
Ahora hay que lograr acuerdos, consensos alrededor de propuestas como la Asamblea Constituyente, para construir luego una alternativa político electoral nacional y una alianza regional bolivariana y sudamericana que enfrente con éxito al imperio y sus sirvientes. La renuncia del Ministro de Gobierno, Oswaldo Molestina, puso en evidencia las profundas contradicciones al interior del régimen, originadas en la presión popular para que se convoque a Asamblea Constituyente y al rechazo a la consulta gubernamental. Tras la dimisión del Ministro, tanto la Izquierda Democrática como el Partido Socialcristiano trataron de consensuar en el Congreso Nacional una Consulta nacional que inmediatamente recibió el rechazo popular, porque ésta no apuntaba a resolver los graves problemas del país, dejando intocadas las reformas exigidas por la sociedad ecuatoriana como: el nuevo estatuto electoral, la consulta sobre el TLC, el Plan Colombia, la Base de Manta. La renuncia de Molestina se produjo después de la aprobación de la Ley de Incentivos o Estímulos Tributarios que exoneró de impuestos a la importación de maquinaria y materia prima, de tasas a la constitución de sociedades o compañías; y, liberación de aranceles al sector pesquero; Ley que fuera presentada para beneficiar por 10 y 12 años a las mismas clases dominantes que se han servido del poder para acrecentar su riqueza. Esta Ley se aprueba en momentos en que, según UNICEF, el gasto social se ha reducido en la pro forma presupuestaria del Estado, pasando del 28.8% al 27.5%; mientras de otro lado, se destinan del 20.6% al 24.5% de los recursos para el pago de la deuda externa que sumados los intereses de la misma, llega al 33.3% del presupuesto general. Esta lógica perversa de la oligarquía tiene dos propósitos: el primero, tributar menos, beneficiarse más y mantener al pueblo en la postración y abandono; y, el segundo, restar el apoyo al gobierno cautivo de Palacio para volver a presionarlo e impedir la Asamblea Constituyente, como lo dijera León Febres Cordero, “ningún partido político va a ceder sus privilegios”. Nuestro Partido de los Trabajadores del Ecuador, desde el inicio del gobierno de Palacio, caracterizó a este régimen como burgués, débil y cautivo de las oligarquías y el imperio yanqui, condición última ésta, que se evidencia en la salida de los ex ministros Gándara, Parra y Correa, de las carteras de gobierno, política exterior y economía. Los sectores populares, las fuerzas patrióticas y progresistas, debemos en este momento, oponernos a la consulta planteada por la burguesía y sus partidos políticos; y, levantar con fuerza la exigencia de la Asamblea Nacional Constituyente, con reglas distintas a las que convirtieron a la de 1998 en reducto de las oligarquías. Desde luego que, la Asamblea Constituyente significa la cesación de los diputados en el Congreso Nacional, por lo que, esta propuesta ha merecido la tenaz oposición de las clases dominantes y los partidos tradicionales a su servicio: PSC, DP, ID, PRE, MPD. La rebelión de abril puso sobre la mesa de discusión los cambios que necesita la sociedad ecuatoriana para superar el atraso y la pobreza, la falta de desarrollo de la economía y una distribución justa de la riqueza nacional. La rebelión forajida expresa la exigencia de cambio social y el rechazo ciudadano a los partidos políticos tradicionales, a las oligarquías y al imperialismo, como causantes de la opresión y la miseria que sufrimos los ecuatorianos. Sin duda alguna, el pueblo demanda cambios y es nuestra obligación la de liderarlos, impulsarlos hasta echar del poder a la burguesía. Ahora hay que lograr acuerdos, consensos alrededor de propuestas como la Asamblea Constituyente, para construir luego una alternativa político electoral nacional y una alianza regional bolivariana y sudamericana que enfrente con éxito al imperio y sus sirvientes.
Solidaridad con el MRU de Quevedo
El pasado 23 de julio se realizaron las elecciones de FEUE, LDU, AFU y Asociaciones Escuelas en la Universidad Técnica de Quevedo, evento en el que participaron el Movimiento de Renovación Universitaria, MRU; y, el FIU, movimiento auspiciado por el rector socialcristiano Manuel Haz y por el MPD. Al iniciarse el conteo de votos, el MRU, superaba con enorme diferencia al FIU, ante lo cual el rector suspendió el proceso y pretendió realizar los escrutinios a puerta cerrada, sin la presencia de los miembros de las juntas electorales, lo que generó una inmediata reacción y serios incidentes, pues era evidente el afán de perpetrar un fraude electoral por quienes ya se sentían derrotados. Durante 11 días el MRU ocupó la ciudadela universitaria demandando escrutinios transparentes y respeto a la decisión de la mayoría estudiantil. El 4 de agosto, el Rector Haz y un grupo de la “FEUE Nacional” integrado por militantes del MPD, derribaron las puertas de la UTEQ y procedieron a desalojar con bala y garrote a quienes se encontraban en su interior, golpeándolos, sin importar que la mayoría eran mujeres. Es necesario desarrollar desde cada Universidad, la solidaridad con los miembros del MRU, enviando cartas y oficios de rechazo al rector Haz y reclamando el cese de la intromisión de las autoridades y del MPD en el gobierno estudiantil universitario.
Candidaturas y desesperación burguesa Lo que aparece claro es que el escenario electoral, en lo fundamental, no pertenece a los intereses de la gran masa ni tampoco garantiza superar la grave crisis política que derrumba al país.
Elegir o escoger en miembros de la sociedad para que, en nombre de los pueblos, ejerzan las potestades públicas o las funciones de autoridad, ha sido un proceso que la burguesía ha utilizado para dirimir las disputas entre las facciones de su clase o para, periódicamente, relegitimar su dominio. Sobre lo primero, el escenario nacional de estos días es bastante expresivo. Ante la crisis política e institucional que la lucha interoligárquica ha causado, apuran sus estrategias para resolver esa contradicción en el marco de las próximas elecciones presidenciales. Están dispuestos a, allí, definir quién se queda con la Presidencia y el Congreso Nacional para adoptar las decisiones que necesitan. Para ello, con expresos acuerdos, se niegan a posibilitar la convocatoria a una Asamblea Constituyente -con plenos poderes- por su profundo temor a que se filtren reglas nuevas que resquebrajen los actuales mecanismos de ejercicio de su poder. Y empiezan a alistar nombres, ofertas y slogans para jugarle una nueva treta al pueblo ecuatoriano. Pretenden apenas resolver la necesidad de que quien maneje el Ejecutivo tenga, al mismo tiempo, supremacía legislativa y para ello se proponen modificar el proceso sólo en lo concerniente a la elección de diputados junto al presidente y aquello de la bicameralidad para asegurar los correspondientes filtros legislativos que no confronten directamente al ejecutivo con el “otro poder” ni con la población. ¿Quiénes se apuntan?. Desde el mismísimo y grotesco Febres Cordero, pasando por el boborico de Novoa y el bravucón de Nebot, hasta los “mansos y gentiles” de Moncayo y Roldós. Los más recalcitrantes apuntan por resolver la crisis volviendo a los escenarios dictatoriales de la “mano dura” que les garantizarían Febres Cordero o Nebot. Este último, hace esfuerzos por aparentar mantenerse fuera de la carrera presidencial pero se asegura permanecer en primera fila de los candidatizables tomando distancias del “feroz” padrino y aparentando tomar riendas en las violaciones empresariales a los derechos del pueblo guayaquileño (¡¡habráse visto semejante actuación!!) para que, en caso de ser la opción de esos sectores, lograr una nueva imagen ante el pueblo -sabe bien que sus cercanías con León no fueron aplaudidas por los ecuatorianos en sus anteriores candidaturas-. El Alvarito, solo y sin proyecto que entusiasme ni al mismo imperialismo, sigue apostando al derroche de recursos financieros en una campaña propagandística que lleva ya tres años y en la que, más que afectos, logra detractores y opositores (de hecho, la última en la que aparenta generosa actitud frente a una mujer humilde sin casa, es obvio que el valor de 5.000 dólares de esa vivienda no se compadece con los cientos de miles que pagará por lo cientos de cuñas que se difunden en los canales de televisión). Moncayo, a su vez, intenta posicionarse del lado de “los sectores productivos” en Quito y, sin rubor, radicaliza sus posiciones privatizadoras, apuntala la línea de usar el sector público para beneficio de los negocios privados y sigue una posición “dura” de unidad de la ID con los socialcristianos -hasta podría ser candidato vicepresidencial de Nebot-. Roldós, que empezó con una subida impresionante en las encuestas (cuando no habían candidatos) empieza su descenso frente a la constatación popular de sus vacilaciones y de las posiciones conciliadoras que tuvo con Gutiérrez y, tiene, con los partidos políticos oligárquicos. También otras opciones aparecen. Una de ellas es la de Rafael Correa, el ex ministro de Economía que dio muestras de una conducta soberana sobria y de que existen otros caminos para la conducción económica del país. Sin embargo hay algunas dudas: ¿quién financia sus recorridos?, ¿qué fuerzas están organizando este proceso?; ¿cuál es su disposición a asumir compromisos con un proyecto popular y soberano?. De todos modos, la presencia visible de ciertos “intelectuales” de largo recorrido al servicio de grupos oligárquicos costeños, la suma de individuos de notable posición oportunista en las provincias y su resistencia a dialogar con quienes asumimos posiciones más definidas en la izquierda ecuatoriana o asumir compromisos orgánicos con las fuerzas que luchan por cambiar el país, dejan obvias inquietudes. Lo que aparece claro es que el escenario electoral, en lo fundamental, no pertenece a los intereses de la gran masa y tampoco garantiza superar la crisis. Primero: Si el control del ejecutivo no corresponde a los mismos que controlen el legislativo, la crisis político-institucional persistirá. Segundo: Si ocurre lo inverso, tampoco es probable que el bloque perdedor se allane fácilmente a los designios del otro. Tercero: El pueblo, a su vez, en ambos escenarios seguirá siendo el que sufra las consecuencias de las decisiones que se orientarán a aumentar las ganancias y a propiciar la acumulación de la burguesía y el imperialismo. Por lo mismo, si algún cambio democrático debemos propiciar es el que propone volver la decisión a la voluntad soberna del pueblo y, ello supone, persistir en la convocatoria a una Asamblea Constituyente pero, previo cambio de reglas electorales que garanticen poner fuera del control de la partidocracia no solo su integración sino su conducción.
Asamblea Nacional Constituyente reto histórico para el pueblo Tenemos ahora un reto histórico de exigir la realización de la consulta para la instauración de la Asamblea Nacional Constituyente con plenos poderes para conseguir un nuevo ordenamiento jurídico político del Estado.
Pese al momento insurgente de nuestro pueblo, que se repite en la historia contemporánea una y otra vez, el país parece ser que no puede sacudirse definitivamente de los males que le agobian, es que la crisis estructural del sistema capitalista le mantiene postrado. Como advertíamos el 20 de abril cuando se produjo la sucesión presidencial con Alfredo Palacio, la crisis política no podía resolverse mientras se mantengan las causas de la misma: el sometimiento colonial al imperio del Norte y el control del país por parte de las oligarquías criollas; continúen: la miseria, la desocupación, la insalubridad, el analfabetismo, la inseguridad; existan: la exclusión a las mayorías, la politiquería y la corrupción de las clases dominantes en los diferentes órganos de poder del Estado. La aparente reducción de las confrontaciones políticas en los primeros meses de gobierno, merced a su entrega paulatina pero sistemática a los intereses del imperio y de la gran oligarquía principalmente representada por los socialcristianos y la Izquierda Democrática, ha concluido. Palacio, chantajeado por su gran debilidad, se ha comprometido con el neoliberalismo y la globalización imperial y está envuelto en actos de corrupcioón como la compra-venta de cargos burocráticos, la falsificación de firmas, la entrega de los negocios petroleros a los politiqueros del PSC y la ID, la mañosa firma del contrato con la empresa TRAFIGURA, la escandalosa negociación con la petrolera OXI, su deseo de privatizar las electricas, así como el compromiso de firmar el antipatria Tratado de Libre Comercio. Estas son prácticas políticas de todos los gobiernos de turno que hace que el pueblo se sienta frustrado y engañado nuevamente, por lo que ha recurrrido a su lucha para enfrentar a sus enemigos de siempre empotrados en el poder. El gobierno actual a sabiendas de la indignación popular existente, quiso burlar la aspiración de un cambio político profundo que empezaba con la exigencia de que se vayan todos los responsables de la tragedia nacional, realizando una consulta popular amañada, que distrajera la atención del pueblo sobre los temas que competen a la soberanía nacional como el TLC, PLan Colombia, Base de Manta, privatizaciones de las empresas estatales, reactivación productiva y otras necesidades básicas de la población, y, que se ajustara a los intereses del imperio, de la vieja oligarquía, de sus partidos políticos y sus lacayos que fungen de izquierdistas, en el Congreso y otras instituciones del Estado. Más, Palacio, en su acometida, se encontró huérfano de respaldo popular y con el peligro de perder en su consulta amañada, sin contar con sustento real en el Congreso, amenazado y asustado por el traidor Gutiérrez, pretende ganarse el favor de las mayorías radicalizando su postura inicial de realizar tibias reformas políticas, convocando ahora al margen de un acuerdo con los diputados, la consulta popular para instaurar la Asamblea Nacional Constituyente. Los imperialistas de Estados Unidos, las oligarquías, sus partidos políticos y los falsos izquierdistas, aterrados por lo que podría ocurrir en la Asamblea Constituyente que puede decidir la cesación del Congreso y de los otros poderes del Estado y reorganizarlos sin la participación de los politiqueros de siempre, que puede también rechazar el TLC, defender la soberanía, impulsar el desarrollo productivo soberano, la solución real de las necesidades de la población y otras aspiraciones de las mayorías; están oponiéndose rabiosamente a la consulta popular que está convocando el gobierno. En el tira y afloja del gobierno y los politiqueros del Congreso, se ha planteado la necesiadad de consultar al pueblo si quiere una Asamblea Nacional Constituyente con plenos poderes o una Asamblea Nacional Constitucional, exclusivamente, para realizar algunas reformas a la actual Constitución. Los revolucionarios conjuntamente con los marginados, con los patriotas y demócratas tenemos ahora un reto histórico de exigir la realización de la consulta para la instauración de la Asamblea Nacional Constituyente con plenos poderes, derrotando la póstura de los politiqueros y luchar por lograr una representación mayoritaria en dicha Asamblea para garantizar la elaboración de la nueva Constitución para conseguir un nuevo ordenamiento jurídico político del Estado, que podría abrir el camino para refundar la Patria.
Honremos la memoria de nuestro camarada Rafael Echeverría Flores
El 1 de agosto de 1999, a la edad de 77 años, cerró sus ojos para siempre Rafael Echeverría Flores, gran organizador y revolucionario ecuatoriano, apagándose así una vida que fue ejemplo de consecuencia con sus principios marxista-leninistas abrazados desde su juventud. Rafael, el camarada Julián, entregó 55 años de su preciosa vida a la causa de la revolución y el comunismo; militó en el Partido Comunista del Ecuador hasta que éste se convirtió en un reducto del revisionismo y en freno para la revolcuioón, por lo que el 1 de agosto de 1964, con un grupo de revolucionarios, fundó el PCMLE, organización que por varias décadas fue la avanzada del proletariado y de la revolución, hasta que una fracción de revisionistas y traidores asaltaron la dirección para imponer una línea de conciliación de clases y de componendas en el parlamento burgués con los partidos burgueses y con el imperialismo yanqui. Rafael Echeverría combatió duramente, junto a otros revolucionarios, a la nueva gavilla revisionista que a partir de entonces, ya había dado muestras de corrupción y afán de enriquecimiento personal. Toma entonces, Julián, la decisión de abandonar el reducto contra-revolucionario e inicia la construcción del Partido de los Trabajadores del Ecuador, PTE, del cual se convirtió, hasta su muerte, en el Primer Secretario. Rafael nunca desmayó en su afán de dotar al proletariado de su instrumento para la revolución: el Partido. En esta importante etapa muere, dejando un inmenso vacío en su familia y en el Partido, pérdida que supímos asimilar y continuar su obra, depurando al Partido de un grupo obstruccionista y convocando y realizando el Primer Congreso Nacional del PTE, los días 11 y 12 de marzo del 2000, en el que se eligió al nuevo Comité Central. Ahora el Partido enfrenta nuevos retos, nuevas tareas: consolidar y desarrollar su estructura nacional, incorporar nuevos y más calificados cuadros revolucionarios profesionales, convertir al Partido en la auténtica vanguardia del proletariado, aguerrida, fuerte, ágil y oportuna y con un férreo carácter y disciplina. Es necesario ampliar y consolidar nuestro órgano central “Amanecer Insurgente”, para que la voz del Partido eduque a su militancia y al pueblo en las tareas de la revolución, para derrotar a las clases dominantes y al imperialismo con la insurrección armada popular, para construir el socialismo y el comunismo.
TLC: Apuntalar la lucha antiimperialista Es imperativo levantar generalizadas acciones de resistencia popular al TLC, que reactiven en la conciencia social la comprensión de la verdadera naturaleza del imperialismo norteamericano. Las experiencias del TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte -NAFTA, sus siglas en inglés) y de varios avances de liberalización logrados por EE. UU. en los países de América Latina, demuestran que ni hay libre comercio ni que la economía de nuestros países haya mejorado. Aumento del desempleo y la pobreza, quiebra de pequeñas y medianas empresas (pymes), incremento de los flujos migratorios, expansión de las importaciones y del déficit de la balanza comercial, ensanchamiento de la brecha tecnológica, apuntalamiento de la dependencia son, entre otros, los efectos reales de ese convite en el que persiste desde hace tiempo el imperio norteamericano y al que José Martí ya se refirió a fines del siglo XIX como una amenaza que nos obliga a pensar en la necesidad de la segunda independencia. En México, la tierra del maíz, ahora se importan del norte más de cinco millones de toneladas anuales de ese producto que, subsidiado, alcanza precios del 30 y 40 por ciento menos que el que logran los productores de este país; su agricultura sufre un proceso ascendente de descapitalización, el empleo manufacturero ha caído un 10% y la migración ha subido de 300 mil a 600 mil personas. Otras fuentes refieren a que en el primer año cerraron 28.000 pymes, un millón de trabajadores redujeron sus salarios a menos del mínimo y cerca de 8 millones de familias se ubicaron bajo la línea de pobreza. En Guatemala, la ampliación del período de protección de patentes de moléculas de fármacos que impide la producción de medicamentos genéricos, ha provocado un incremento de precios de éstos que, inaccesibles para buena parte de la población, han terminado por aumentar la tasa de mortalidad hasta en un 10%, especialmente en sectores vulnerables como la niñez. Este escenario es poco relevante para los socios comerciales ecuatorianos de las corporaciones transnacionales ávidos de aprovechar “la corriente internacional” y que, luego de provocar la incorporación del país a la negociación del tratado -suceso que de por si le otorga una ventaja significativa al imperio-, empezaron por admitir cláusulas de confidencialidad que obligan al equipo negociador (conformado por esos socios empresarios y por sus mismos representantes fungiendo funcionarios públicos) a mantener cerrada la boca sobre los temas realmente importantes y trascendentes (¿comprometedores?) que se ventilan en las mesas y rondas de negociación. Esto ha hecho creer a algunos que el problema está en la legitimidad de la representación dado que no integra a todos los sectores productivos o de lo que llaman la “sociedad civil”. Otros cuestionan la calidad de los negociadores creyendo que si habrían otros más experimentados podrían lograr mayores ventajas. Pero el grueso de la población, tanto de los productores cuanto de las organizaciones sociales, ha planteado una clarísima postura de oposición al TLC bajo la comprensión de su naturaleza neocolonial. Una vez que la movilización social logró parar la primera tentativa de empujarnos hacia el Área de Libre Comercio de las Américas, los mismos actores persistimos en enfrentar al TLC porque, en resumidas cuentas, no es más que lo mismo pero cambiada la estrategia hacia el tratamiento bilateral de esos intereses. De modo que es bastante claro que lo que se ventila en este nuevo esfuerzo del imperialismo y los vende patrias no es sino el propósito de consolidar la expansión monopólica de las transnacionales para resolver la crisis de sobreproducción, ejercer el control geopolítico de los mercados latinoamericanos frente a los otros bloques imperialistas y dominar, a futuro, importantísimas fuentes de energía y recursos naturales como el oxígeno, el agua y la biodiversidad, con las consecuentes secuelas nefastas sobre la soberanía de nuestros países que terminarían por ser convertidos en neocolonias y proveedores de mano de obra semiesclavizada. El proceso que amenaza por atar, como han dicho los mismísimos estrategas norteamericanos, al menos por unos cincuenta años a nuestro país a semejantes condiciones, no debemos permitir que sea decidido por ese pequeñísimo grupo de negociadores y, tampoco, por el Congreso Nacional donde, como vemos, la corrupción es la única lógica que motiva las decisiones de los diputados. Ante ello, es imperativo levantar generalizadas acciones de resistencia popular al TLC, que reactiven en la conciencia social la comprensión de la naturaleza del imperialismo y posicione a los ecuatorianos en una actitud de defensa inclaudicable de su derecho de autodeterminación, de su soberanía y la condición de país libre, es lo que debemos plantearnos lograr los revolucionarios ecuatorianos. Propiciar que a estas acciones se sumen todos los patriotas y hombres progresistas, posibilitar el desarrollo de esfuerzos unitarios que despierten un sentimiento político que mire objetivos de mayor trascendencia y aporten al desarrollo de la lucha contra el imperialismo y sus socios nacionales, privilegiar los fines de la acumulación de fuerzas para enfrentar al enemigo fundamental y ubicar la limitada trascendencia de ciertos desacuerdos en relación a temas concretos y coyunturales de la política, son, entre otros, los esfuerzos que debemos hacer para provocar y aportar a la derrota de los enemigos en este proceso.
Asamblea Constituyente Soberana: ¡¡ Sí !!
Los procesos insurreccionales no tienen una sola lógica ni una misma expresión pero en todos hay una notoria dirección contra el poder. La “revolución de los forajidos” o “de abril”, como algunos han dado en llamar al proceso que echó fuera a Gutiérrez, no se limitó a derrocar al régimen como en ocasiones anteriores y, más aún, ha resquebrajado el poder. Bajo una justa y oportuna orientación de no apoyar a ninguna de las facciones burguesas que todavía protagonizan las enconadas disputas que se expresan en las pretensiones por poner Cortes, Tribunales y más funcionarios al servicio de una de ellas, la mayoría del pueblo de Quito (y luego, en todo el país) se levantó bajo la consigna “Que se vayan todos para refundar la República” y que incluía una clarísima definición no solo en el sentido de poner al margen de la dirección del Estado a los partidos políticos de la oligarquía y a los seudo populares, sino en el de parar sus voraces apetitos vendepatrias por los que estaban empujando las negociaciones del TLC y el involucramiento militar en el Plan Colombia, en franca sumisión al imperialismo. Ahí es donde se acuña la histórica posición de recuperar la legitimidad del poder para la población y emprender en un proceso que, teniendo como mira estratégica esa refundación que implicaría -en principio- la creación de las condiciones para resolver los problemas que afectan a la gran mayoría, debe atravesar la necesidad de integrar y poner en funciones una Asamblea Constituyente que haga saltar el modelo neoliberal y ponga en aprietos al sistema capitalista, a la vez que trace las líneas maestras del “Ecuador que queremos” desde las posiciones populares y patrióticas. Un proceso de semejante dimensión histórica debe ser apoyado con toda entrega por los revolucionarios, aportando a construir y desarrollar las Asambleas Soberanas para que las masas se eduquen en su vocación política y de poder; procurando acumular fuerzas facilitando la participación de los sectores más interesados en la solución revolucionaria de la crisis; propiciando construir un escenario en el que surjan nuevos líderes políticos del pueblo y se coopte nuevos militantes; y, para que el pueblo confirme y aprenda que si se une, se organiza y lucha, tiene plena capacidad de decidir su futuro y puede someter a los órganos estatales a su voluntad. Nuestro rol debe llevarnos a discutir dónde, cuándo y cómo vamos a impulsar la organización o consolidación de asambleas soberanas. A nosotros nos corresponde elaborar propuestas para difundirlas y someterlas al debate de la población. La fuerza y justeza de nuestras ideas marxistas, revolucionarias, lejos de imponerse podrá persuadir a la población de la necesidad de preservar la voluntad soberana en sus asambleas y sobre la urgencia de construir propuestas de cómo debe ser nuestra sociedad en adelante y no solo en relación a la vida política sino sobre la totalidad de aspectos de la vida del pueblo. Lograr que esas propuestas se conviertan en mandatos que deben ser observados al momento de elaborar la Constitución de la Nueva Democracia y la Soberanía y sean los referentes para exigir el rendimiento de cuentas a los representantes y juzgar su lealtad con los intereses de las masas, es una tarea que no podemos librarla a la espontaneidad. Los patriotas, demócratas y revolucionarios, de otra parte, debemos tener claro que nuestro camino a la Asamblea Nacional Constituyente requiere que, previamente, se cambien las reglas electorales a fin de que no existan trabas para la participación de los representantes de las masas y, a diferencia, ellas se dirijan a exigencias o prohibiciones contra los representantes de los partidos políticos oligárquicos y seudo populares que ya han intervenido en el poder y han causado la crisis política, moral, económica y social que nos sacude. El proceso está en marcha y es un proceso nuevo en esta parte del continente y es crucial que podamos, de una parte, profundizar el proceso de desprestigio y debilitamiento que sufre el poder burgués e imperialista; y, de otra, aprovechar la efervescencia y decisión de las masas de imponer su voluntad y caminar hacia transformaciones trascendentes. Lo que se logre va a depender de nuestra decisión y compromiso revolucionario.
Al MPD se le cayó la última careta Así es, al MPD se le cayó la última careta, ya no tiene más; ya no puede seguir engañando a cierto sector del pueblo desde posiciones de izquierda, porque su práctica es totalmente de derecha, así lo comprueba su pronunciamiento, en contra, sobre la Asamblea Nacional Constituyente, tanto en el Congreso Nacional como en el Tribunal Supremo Electoral. Luego de la caída de Gutiérrez, el pueblo ecuatoriano enarboló la bandera de la refundación de la República, al grito de FUERA TODOS planteó la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente con plenos poderes para la refundación y con nuevos actores para cambiar la forma de hacer política. La política es un bien común, por lo tanto debe estar al servicio de la nación, del país y sobre todo de los más necesitados; la partidocracia responsable del desastre nacional, debe tener una mínima representación, la que le corresponde, sólo representa el 15% del electorado. Alfredo Palacio, asustado ante la inminente derrota de la Consulta Popular intrascendente que anunció y por la presión popular, se vio obligado a convocar a consulta la instalación de la CONSTITUYENTE y es allí donde se observó el verdadero panorama político del país actual, mientras el pueblo quiteño y el resto del país defiende la Constituyente y reclama un Estatuto Electoral que permita la participación de la ciudadanía y aísle al máximo a la partidocracia, la derecha, horrorizada ante la pérdida de sus privilegios, se lanzó furibundamente contra la Asamblea Nacional Constituyente, tanto en el Congreso así como en los medios de comunicación y en el TSE. Dentro de estos últimos está el MPD, para nadie es sorpresa su actuación desde posiciones ultraderechistas; este Partido, otrora revolucionario, se ha vuelto totalmente funcional al sistema imperante, está al servicio de la oligarquía y de las políticas imperiales; a sus dirigentes sólo les interesa el dinero, los últimos paros de la UNE, con ocho o diez semanas de suspensión de clases y con valerosas huelgas de hambre de los maestros, los han negociado por dinero (recuerden, lectores, el paro de un dólar de reivindicación para los maestros); a Palacio lo amenazaron con un paro del magisterio, ya no hablan del mismo, lo negociaron por dos millones de dólares para los cursitos de la UNE Nacional. Decenas y decenas de dirigentes del MPD son funcionarios del Estado burgués, por efectos del toma y daca; incluso, a la burguesía le interesa mantener un MPD así, para aparentar su podrida democracia y para dividir y desprestigiar a las organizaciones y luchas populares. La Constituyente los desenmascaró de cuerpo entero, están, de frente, defendiendo el Estado burgués-capitalista, la práctica social los ha ubicado en el basurero de la historia que les corresponde y así como todo revisionismo ha sido enterrado por el pueblo, éstos correrán la misma suerte.
LOJA: Jornadas por el presupuesto universitario Debido al peligro del inminente cierre de la Universidad por la asfixia económica, la FEUE de Loja y las asociaciones de profesores y empleados y trabajadores, propiciaron una combativa marcha para exigir al Gobernador de esta provincia, su intervención para presionar al Ejecutivo y al Ministerio de Finanzas la entrega inmediata de los recursos adeudados.
Ante la grave crisis económica que afecta a la Universidad Nacional de Loja por la falta de transferencia de sus rentas en los últimos cuatro años, los principales gremios de esta institución resolvieron iniciar, el pasado 22 de octubre, jornadas de lucha en exigencia por el presupuesto que es adeudado por el gobierno nacional y cuyo monto asciende a 5 millones de dólares. Mientras por un lado el régimen de Palacio y los anteriores gobiernos han privilegiado el pago de la deuda externa, por otro lado, han disminuido la entrega de los recursos que por ley le corresponden a la Universidad, generando con ello el crecimiento del déficit que contrasta con el aumento anual de la población estudiantil. Solamente en la Universidad Nacional de Loja, el número de estudiantes pasó de 14.000 en el año 2004 a 17.000 en el presente año. Sin los recursos necesarios, las instituciones de educación superior están privadas de desarrollar la infraestructura básica que permita alojar a un mayor número de estudiantes, faltan laboratorios, implementos y equipos para atender las necesidades de formación profesional en las distintas carreras universitarias, hacen falta más profesores y la investigación científica no puede ser impulsada. Debido al peligro del inminente cierre de la Universidad por la asfixia económica, la FEUE de Loja y las asociaciones de profesores y empleados y trabajadores, propiciaron una combativa marcha para exigir al Gobernador de esta provincia, su intervención para presionar al Ejecutivo y al Ministerio de Finanzas la entrega inmediata de los recursos adeudados, recibiendo como respuesta la más violenta represión de la fuerza pública, la que no amedrentó a los universitarios que ya preparan nuevas y más combativas luchas no sólo por el presupuesto, sino demandando una auténtica reforma política a través de la Asamblea Nacional Constituyente; y, una política soberana de nuestro país con respecto al imperio del norte.
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